Quizá hayas sentido algo así.
La sensación de que tiene que haber algo más en la vida
de lo que te han enseñado a ver.
Quizá esa inquietud te haya llevado
a leer libros, asistir a talleres y practicar por tu cuenta.
Quizá nunca hayas sabido cómo llamarla—
mucho menos dónde buscar.
Y aun así.
Sigues sintiendo ese hueco
en la boca del estómago—
un vacío que nunca logras llenar del todo.
¿Alguna vez pasaste toda la semana ocupado,
atendiendo todo menos la vida que anhelas vivir—
y luego te preguntaste:
«¿En qué momento se fue la semana?»
¿O te has sentido como un espectador
de tu propia vida?
¿O has escuchado a alguien contar
qué le hace sentirse lleno de vida—
y te has muerto de envidia,
deseando sentir algo así?
Tienes personas que te quieren.
Un trabajo que te importa.
Experiencias que han significado mucho para ti.
Sabes cuánto hay de bueno en tu vida.
Entonces, ¿por qué no puedes simplemente sentir gratitud—
en vez de culpa por querer algo más?
Peor aún, ¿con quién puedes hablar de esto
si ni siquiera tú sabes exactamente qué te falta?
Y aunque lo supieras—
¿quién te entendería?
Quizá lo hayas intentado—
y te hayas arrepentido
al ver la expresión en su rostro.
Quisieras tener algo más que una sensación
que apenas sabes explicar.
Quieres experimentar algo REAL—
algo que vaya más allá de otra idea,
otro fragmento,
otra teoría sobre lo que podría significar la vida.
Pero ¿por dónde empiezas?
Antes de mostrarte el camino que comienza aquí,
déjame contarte la historia de este templo—
y por qué importa para la búsqueda que te trajo hasta su puerta.
Me llamo Leslie McQuade.
Soy la Adepta Jefa de la Orden Hermética de la Aurora Dorada.
También soy antropóloga y arqueóloga.
Lo que me atrae de estas antiguas tradiciones
es una pregunta que sigue tocando nuestras vidas:
¿Qué podríamos descubrir de nosotros mismos
si aprendiéramos a experimentar algo más
de lo que percibimos habitualmente?









